un escenario de relaciones

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Que somos seres espaciales lo demuestra el hecho de que la intimidad no sea sólo un concepto abstracto, sino que sea una idea que ciertamente ocupa un lugar. La consciencia profunda de nosotros mismos, aquello que sentimos irrenunciablemente como propio, se proyecta más allá de nuestros límites corporales, se concreta y manifiesta en un espacio a nuestro alrededor. Un lugar que consideramos como parte de nosotros mismos, como nuestro último reducto, y en el que se refugian nuestros anhelos y aspiraciones más profundos. Un sistema espacial que no necesita tanto de unos límites precisos, sino que se construye a partir de los objetos en los que proyectamos nuestras convicciones, recuerdos y sentimientos.

El hogar es el lugar en el que podemos proyectarnos con mayor libertad. Porque la casa es el espacio que podemos rehacer a nuestra medida, en el que podemos reflejar nuestra visión de la existencia. En definitiva, es ese fragmento del mundo del que podemos apropiarnos, esto es, poseerlo a través de la transformación física según nuestros deseos, gustos y necesidades. El espacio privado sería aquél que solo se puede construir a través del uso. El hogar es la máxima expresión física de la intimidad.

Pero por supuesto, esto no es más que una parte de la realidad. La casa es un organismo diverso que funciona a diferentes niveles y cuya complejidad no permite distinciones tan categóricas. Más que la oposición entre lo público y lo privado, lo que realmente nos encontramos es una gradación de ámbitos en los que ésos serían sólo los extremos. Con el paso del tiempo se desarrolla una maraña de relaciones, tanto hacia el interior como al exterior, que es la que configura finalmente el espacio que habitamos. La casa debe gestionar la intimidad de sus habitantes y sus vínculos con el mundo. Ordena las relaciones entre los individuos, les proporciona espacios particulares y lugares de relación, les dota de equipamientos e infraestructuras, lo necesario para el desarrollo personal y común. La casa reproduce a otra escala modelos sociales y urbanos, como si se tratase de un juego o una maqueta, con su parte de arbitrariedad y voluntad de diseño, pero también con un programa de necesidades temporales a satisfacer. Como todo juego, como toda maqueta, refleja sólo parcialmente la realidad. Con el cambio de escala algunas cuestiones cobran más importancia y otras se minimizan, pero el resultado permite reflexionar, evidenciar y reconocer el papel del individuo respecto del otro, su mirada hacia el mundo y su relación con la naturaleza.

La casa deja de ser el ámbito personal para ser un espacio de relaciones, un dispositivo en que se produce la mediación entre individuo, familia, sociedad y entorno. Y en la construcción de ese lugar juega a crear un mundo propio. Un mundo de mundos que no son independientes sino que se asoman unos a otros, atravesados por líneas que superan los límites internos y externos y se proyectan más allá de su ser.

 

Artículo publicado en la revista Diseño Interior 278. Pdf completo aquí: 

DI278-CASAS RADICALES-House in Chiharada

DI278-CASAS RADICALES-House in Chiharada

 [Imagen: Studio Velocity, Casa en Chiharada. Japón, 2014. Fotografía: Kentaro Kurihara]

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