jugando a vivir

Onion Jerry House 07

El tiempo es un concepto recurrente cuando se habla de arquitectura. Se piensa en cómo se comportará a lo largo de los años, cómo envejecerán los materiales y cómo se acabará integrando en el entorno. En cómo se transformará según cambien las necesidades. El tiempo se considera parte del proceso de construcción de la arquitectura. El edificio no está realmente terminado cuando se finaliza, sino que lo construido se seguirá transformando y ese devenir se incorpora al proyecto. La arquitectura se construye para el futuro y la posteridad.

Desde el movimiento moderno, al menos, el tiempo además se ha incorporado como parte fundamental de nuestra percepción del espacio. Éste no se concibe de forma estática, no se buscan las perspectivas insólitas, sino que se proyecta para experimentarlo al recorrerlo. El espacio aparece no como algo único e inmutable, sino como dinámico y diverso. La experiencia sensorial supera lo meramente visual e incorpora conceptos e intenciones que superan lo instantáneo.

El tiempo forma parte de nuestra experiencia del lugar y del espacio, y de ahí surge el potencial que encierra lo temporal, lo que no va a ser utilizado permanentemente. Lo temporal permite la experimentación de formas de habitar diferentes a las habituales. En estas ocasiones admitimos como válidas situaciones que normalmente no consentiríamos. El propio programa cambia ante las nuevas circunstancias. Se puede ensayar con formas que no pretenden ser alternativas permanentes, sino que reconocen nuestra necesidad de salir de nuestros entornos, formas y experiencias habituales. Nuestra necesidad de experimentar, de jugar, simplemente porque sí.

De esta exploración desprejuiciada, casi frívola, surgen nuevos esquemas, espacios y estructuras a los que no se llegaría desde la ortodoxia, lo tipológico, o lo convencional. Se generan nuevos mundos que en principio no se podrían imaginar. Al jugar no sólo nos relacionamos con nuestra infancia, sino también indagamos en el mundo de los sueños en busca de nuestros deseos y anhelos profundos. La acción de jugar activa nuestra capacidad de generar recuerdos, de vincularnos al lugar y a la vida. Convierte en memorables las situaciones y los espacios.

Los espacios de circulación normalmente son espacios perdidos, parte inevitable pero despreciada de la arquitectura. Todo buen proyecto debe resolverlos con dignidad, sí, pero reduciéndolos al máximo. En el espacio doméstico, las tipologías más eficientes son aquellas que renuncian en la medida de lo posible a vestíbulos, pasillos y demás espacios que se consideran inservibles. Sin embargo se nos olvida la importancia que tienen como lugares de relación y sus posibilidades como espacios sin uso, sin la servidumbre a las necesidades funcionales –ya laxas en el ambiente doméstico, y más si es temporal-. Inesperadamente, los espacios de circulación se convierten en los más libres y propositivos, en lugares de experimentación, capaces de dar diversidad y complejidad, pero al mismo tiempo coherencia y unidad a todo el conjunto.

Espacios, perspectivas y recorridos nuevos. Nuevas formas de vivir que se descubren al abandonar la seriedad, la grandilocuencia y la trascendencia. Al recurrir al juego, la levedad e incluso la frivolidad.

 

Artículo publicado en la revista Diseño Interior 273. Pdf completo aquí:

DI273-CASAS RADICALES-Jerry House

DI273-CASAS RADICALES-Jerry House

[Imagen: Onion, Jerry House. Cha Am Beach, Thailandia, 2014. Fotografía: W Workspace]

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