lujo

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Habitar es un proceso. Solemos proponer la arquitectura como si se tratara de un objeto o una estructura inmutable. Tal vez, como si fuera el marco de referencia donde acontece la vida. Sin embargo, la realidad es que la arquitectura es el resultado del desarrollo del entorno a lo largo del tiempo, de la transformación continua del lugar. Un proceso en que fondo y figura, acción y espacio, se hibridan y se hacen indistinguibles. Una casa tiene que considerarse siempre como incompleta, recorriendo un camino de incesante renovación, adaptándose a las necesidades cambiantes de sus habitantes y a las condiciones variables del entorno.

Es necesario redefinir el concepto de habitabilidad. Liberarse de la dictadura de la comodidad, de la exigencia de tener, siempre y en todas partes de la vivienda, unas determinadas condiciones. Pensar una casa que pueda ocuparse de forma diferente a lo largo del año. Una casa de verano y otra de invierno; una por la mañana, otra por la tarde. Una casa que ofrezca nuevas relaciones dinámicas, perspectivas diversas desde las que apropiarse del lugar y del tiempo.

A finales de los años 90 la pareja de arquitectos franceses Lacaton&Vassal hicieron suya una expresión popular que había pasado por la publicidad de automóviles: El lujo es el espacio. Frente a tanta arquitectura que se fundamenta en el uso de materiales caros, proponían una forma de trabajar cuyo objetivo simplemente fuera hacer mejor la vida de las personas que la habitan, lejos de lo que normalmente consideramos lujo. Un propósito que resumían en primer lugar en una mayor superficie y después, dando un salto menos evidente de lo que podría parecer, en un mayor volumen a disposición del habitante.

Una forma de trabajo que se aleja de personalismos, pero que no por ello es anónima o aséptica. El profesional como un artesano que utiliza la tecnología a su alcance sin renunciar al máximo rigor conceptual para llegar a un resultado personal. Se rechazan aparentemente las grandes pretensiones plásticas para dar una respuesta directa con las herramientas y materiales (¡y presupuesto!) a su disposición. La arquitectura ya no es el juego de volúmenes -ni siquiera, a pesar del lema, de espacios- bajo la luz.

Una arquitectura razonable, cuya ética extrema lleva a una estética singular. A partir de lo común, de lo vulgar incluso, su radicalidad, sinceridad y coherencia, le lleva a distinguirse de la verdadera vulgaridad que le rodea. Fuera de modas, estilos o academias nos encontramos con una arquitectura auténticamente ligera, circunstancial, efímera, cuyo peso y trascendencia viene de una postura ante el mundo, la sociedad y el entorno. Y así, casi sin quererlo, nos encontramos dialogando con otro de los mitos de la modernidad.

 

Artículo publicado en la revista Diseño Interior 292. Pdf completo aquí:

DI292-CASAS RADICALES-Maison D

DI292-CASAS RADICALES-Maison D

[Imagen: Fouquet Architecture Urbanisme, Maison D. Couëron, Francia, 2014. Fotografía: Philippe Ruault]

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