el sueño del hogar

GUZMAN3

Construir “un lunes una Arquitectura para ser repetida, rehecha, copiada”. El sueño de tanta arquitectura es el de la construcción no de un objeto sino de un sistema que pueda adaptarse, repetirse, propagarse. Un sueño para el que la elementalidad o la industrialización son sólo medios. Una arquitectura cuya emoción viene de la sencillez con que se resuelve lo complejo, de la atención al detalle, de la perfección de lo sutil. Sincera, directa -y en ese sentido brutal-, aparentemente espontánea, sin artificios ni ostentación. Una arquitectura que se pretende lógica, objetiva, fuera de estilos o modas. Una arquitectura verdaderamente actual y radicalmente atemporal.

La técnica permite la ficción de una arquitectura aparentemente invisible, que no establezca una distinción sustancial entre interior e interior. La ausencia, la ligereza, son el origen de una poética nueva en que la línea y la precisión en el encuentro cobran una importancia insólita. Una línea que se traza con claridad pero que al mismo tiempo se difumina, se desvanece hasta desaparecer. Porque precisamente en esa confluencia entre lugar y hogar es donde se desarrolla la casa. El exterior que penetra hacia el estar y la casa que se proyecta al exterior. Los espacios y los artefactos que dan forma a esa transición. Espacios intermedios en permanente desarrollo, en un estado de indefinición que los permite formar parte de uno u otro según la ocasión. Dispositivos débiles que se incorporan como parte de la arquitectura, la matizan, expanden y caracterizan. El objeto arquitectónico se deshace, se disuelve en lo que le rodea, para ser capaz de crear espacios múltiples, diversos y cambiantes, sensibles al ocupante, al lugar y al momento.

La casa no sólo se instala en el sitio y lo hace suyo, sino que lo modela, es la que lo convierte auténticamente en un lugar, con sus condiciones de arraigo y trascendencia. No sólo se apropia de lo extraordinario, sino que transforma lo insignificante en único, lo trivial en memorable. Una casa que no puede entenderse sin un habitante capaz de proyectarse en ella, de admirar lo lejano y atender a lo cercano, de disfrutar de los cambiantes matices de la luz, la brisa o la lluvia, de identificar su forma de habitar este mundo: la construcción de un hogar, sin pretenciosidad, y disfrutar desde ahí de la vida, casi escondido, como en una madriguera.

Una casa que, a pesar de sus pretensiones de universalidad y objetividad, se convierte en el territorio de lo personal, lo humano, lo único. La ligereza se convierte al mismo tiempo en su debilidad. De la tensión entre la levedad y el ser, lo ligero y lo trascendente, el momento y lo eterno surge una casa que tal vez pueda ser copiada, pero inevitablemente, y por desgracia, no puede ser repetida ni reconstruida.

 

Artículo publicado en Diseño Interior 290. Pdf completo: 

DI290-CASAS RADICALES-Casa Guzman

DI290-CASAS RADICALES-Casa Guzman

[Imagen: Alejandro de la Sota, Casa Guzmán. Algete, Madrid, 1972. Fotografía: José Hevia]

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