la belleza de lo brutal (I)

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El 16 de marzo de 1972 comenzaba el derribo de Pruitt-Igoe: un barrio de viviendas en la ciudad norteamericana de San Luis que se había convertido en foco de degradación social y símbolo del desarraigo causado por la arquitectura moderna. Muchos, empezando por Charles Jencks, han señalado este acontecimiento como el fin de la modernidad: el final de una arquitectura alejada de la escala humana que trata de imponer a sus habitantes modelos con lo que es incapaz de identificarse.

40 años después, de forma sorprendente, se puede observar un movimiento que ha comenzado a reivindicar una arquitectura despreciada. ¿Por qué? ¿Qué es lo que se percibe como actual, incluso novedoso, en estos edificios ignorados durante todo este tiempo?

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